• Cesun Mutual

Reflexiones ante el aislamiento social, que nos plantea interrogantes y desafíos


Por la Lic. Natalia Maldonado,

del Equipo de Psicopedagía en Cesun y Orientadora Educacional

Ilustración: Sylvia Vivanco...

Una nueva realidad llegó casi sin avisar para quedarse, quién sabe por cuánto. En tiempo de coronavirus se impone la necesidad de buscar nuevas formas de Ser y Hacer, un desafío a la capacidad del ser humano para adaptarse, flexibilizarse y reinventarse día a día. Desde hace ya un tiempo, niños y adultos con las rutinas alteradas o cambiadas, debido a una de las medidas centrales tomadas por las autoridades nacionales para combatir el avance de la pandemia, tuvimos que tratar de reacomodarnos a una forma diferente de vida, la cual exigió a cada persona un esfuerzo en un tiempo que es propio y singular. Así, es como se empezó a percibir el fuerte impacto que está teniendo la llegada del coronavirus y el aislamiento social. De repente, la escuela se ubicó en otro espacio, y los niños pasaron de la clase presencial al modo virtual, que a pesar del deseo y las ganas de querer traspasar la pantalla, resulta ser algo difícil de igualar, si no es casi imposible. Se les pide a los más chicos que tengan paciencia, que se porten bien, que cumplan con la tarea y que realicen en casa las actividades muchas veces con algún recurso tecnológico si es que lo tienen, como si nada hubiera cambiado. A los adultos, tanto padres como docentes, se les pide también que tengan paciencia. Que trabajen desde casa o que salgan a trabajar si es que pueden hacerlo. Que continúen con las rutinas en el hogar, que transmitan calma a pesar de las preocupaciones reales, y que acompañen a los niños en las actividades para garantizar la continuidad pedagógica. ¿Nos falta tiempo o nos sobra? ¿Cómo nos organizamos? ¿Cómo acompañamos? La mayoría del tiempo estamos viviendo en un "como si". Como si nada hubiera cambiado, como si todo permaneciera igual…. porque es necesario continuar. Pero por otros momentos, vivimos con la sensación de estar HOY suspendidos en el tiempo sin saber nada acerca del MAÑANA. Miedos, angustias, incertidumbre y cada uno, desde el lugar que le toca intentando dar lo mejor de sí. Es evidente que todo cambio. No se puede pretender hacer lo mismo que hasta hace un par de meses atrás. Se necesita tiempo, paciencia y empatía. Es cuestión de ensayo y error, para que cada uno pueda ir elaborando, construyendo y encontrando sus propias respuestas, sus nuevas formas de Ser y Hacer. Se trata de un proceso interno y subjetivo que no es simple ni lineal, que cada persona podrá ir realizando de acuerdo a su modo singular. Si pensamos en la infancia, es bueno destacar que lo transcendental de esta etapa es alcanzar que el niño pueda construirse como sujeto deseante y pensante, teniendo como punto de partida un Otro que lo sostenga y que lo acompañe para lograr en forma paulatina su desarrollo y crecimiento. Así vamos delineando la creación mejores condiciones para niños y adultos. Para que podamos atravesar juntos este momento que nos ha tocado vivir. Interesante desafío que invita a cada cual, a utilizar todos sus recursos para reinventarse, para recrearse y acomodarse a esta realidad compleja. Por eso, considero que revisar cómo nos venimos sintiendo los adultos, qué necesitamos y cómo podemos aliviarnos nos permitiría escucharnos de un modo amoroso y empático a nosotros mismos, para renovar las energías y posicionarnos en el aquí y ahora para luego poder brindarnos a los demás. La pregunta es: ¿Cómo hacerlo?... Cada quien debería poder encontrar su respuesta en función de sus posibilidades, permitiéndose momentos donde estén presentes el pensar y el sentir. Una opción posible es intentar encontrar un tiempo para conversar con un par y poder compartir eso que cuesta, que preocupa y angustia. A su vez, permitirse un espacio propio, que nos diferencie del rol que cumplimos. Por otra parte, la mayor parte del tiempo los adultos a cargo de niños cumplimos una tarea hermosa y de enorme responsabilidad. La misión de estar presentes en la construcción de una infancia sana y respetada, acompañar, nutrir y preservar a cada niño en su crecimiento, es en gran medida una demanda continua. Tomando conceptos de Lacan “Toda demanda, es demanda de amor”. Demanda de amor al fin, pero que requiere de adultos disponibles la mayor parte del tiempo. Para concluir, considero que “cuidar a los que cuidan”, en este caso padres y educadores, es algo que no deberíamos postergar. Se sabe que cada uno puede brindar aquello que tiene dentro de sí y que, por el contrario, no lo puede hacer con lo que no posee. Tener presente, que los adultos somos modelos en las formas de Ser y Hacer, nos permite seguir aprendiendo y creciendo junto a los más chicos.








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